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  • La procrastinación del sueño: riesgos ocultos para la salud ocupacional y la productividad

En los últimos tiempos, muchos empleados admiten que se quedan despiertos hasta altas horas de la noche, una conducta que los expertos denominan «procrastinación del sueño». Este fenómeno, que consiste en posponer el momento de ir a la cama a pesar de sentir cansancio, ha llamado la atención de la comunidad científica por sus implicaciones en la salud y el desempeño laboral.

La ciencia detrás de la procrastinación del sueño señala que el cerebro busca recompensas inmediatas, como la interacción con dispositivos electrónicos o la realización de actividades de ocio, lo que compite con la señal biológica de sueño. Además, la exposición a la luz azul de pantallas retrasa la liberación de melatonina, la hormona que regula el ritmo circadiano, provocando una desincronización entre el reloj interno y el horario social.

Cuando la hora de dormir se pospone de forma recurrente, el trabajador experimenta una disminución de la alerta, menor capacidad de concentración y mayor sensación de cansancio durante la jornada. En el contexto de la salud ocupacional, estos efectos se traducen en un aumento del riesgo de errores operativos, accidentes de trabajo y deterioro del rendimiento físico y mental. La fatiga crónica también puede favorecer la aparición de trastornos musculoesqueléticos y problemas de salud mental, aspectos críticos que forman parte de la gestión del SG‑SST.

Para las empresas, reconocer la procrastinación del sueño como un factor de riesgo laboral implica incorporar la educación sobre higiene del sueño en los programas de capacitación en seguridad y salud en el trabajo. Políticas que fomenten horarios de trabajo razonables, pausas regulares y la posibilidad de ajustar turnos según las necesidades individuales pueden contribuir a mitigar la exposición a la fatiga.

Entre las medidas prácticas recomendadas se encuentran: promover la limitación del uso de dispositivos electrónicos al menos una hora antes de acostarse; incentivar la creación de rutinas nocturnas que favorezcan la relajación; ofrecer charlas informativas sobre la importancia del sueño reparador; y, cuando sea posible, adaptar los horarios de trabajo para evitar turnos nocturnos continuos que alteren el ritmo circadiano.

Integrar la gestión del sueño dentro del Sistema de Gestión de Seguridad y Salud en el Trabajo permite a las organizaciones abordar de forma preventiva uno de los factores menos visibles pero altamente determinantes de la seguridad laboral. Al hacerlo, se protege la salud del trabajador, se reduce la probabilidad de incidentes y se favorece un ambiente productivo y sostenible.


Nota: artículo generado a partir de una noticia publicada por El Tiempo — Salud (2026-08-30).

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